El blog de @maxpradera

A por ellos, que son pocos y cobardes

Archivar para el mes “febrero, 2013”

EL FALSO DILEMA DE RAJOY

Rajoy saluda a su Guardia Pretoriana 
En los años 50, el General Franco concedió una entrevista a la BBC en la que, entre otras muchas falacias, dijo, al referirse a la sublevación militar del 18 de julio de 1936:
“A España se le presentó el dilema de conservar sus convecionalismos legales y perecer o salvar a la nación, saltando por encima de ellas. Nuestra generación prefirió esto último. Sin que ello fuese en detrimento de la libertad, que sólo bajo el orden, la paz y la seguridad colectiva, puede garantizarse”.
Aclaro que Franco tuvo la prudencia de responder a las preguntas del periodista en castellano, pues su inglés, del que da una idea este saludo a la Pérfida Albión (http://tinyurl.com/6q7797k) era aún más horripilante que el de Mariano Rajoy. ¿Hace falta recordar que al Presidente del Gobierno de España (¿o es de las Islas Solomon?)  la oración más compleja que se le conoce en la lengua de Shakespeare es
“Is very difficult todo esto”.
En su entrevista a la BBC, el Dictador Franco empleó una triquiñuela lógica barata, conocida como la falacia del falso dilema, en la que eran maestros los sofistas griegos. Su inane tenderete (con el que ganaron carretadas de dinero)  fue denunciado de forma sistemática e inmisericorde por Aristóteles.
La técnica del falso dilema consiste en presentar dos alternativas lógicas como las únicas posibles, cuando en realidad existen una o más opciones que se ocultan maliciosamente al interlocutor, con objeto de ganar la discusión.

¿Votarás por la independencia de Cataluña o vas a permitir que Madrid nos siga expoliando?

es una pregunta de falso dilema, que está ahora muy de moda y que ha contribuido en no poca medida a crispar el clima político nacional.

Protágoras de Abdera, el sofista griego que recorría el mundo cobrando minutas dignas de Iñaki Urdangarin, por sus conocimientos acerca del correcto uso de las palabras (y que ahora sería el Director de Comunicación de Artur Mas), decía que el primer requisito para lograr sobresalir en el noble arte de la elocuencia era dominar la habilidad de convertir en sólidos y fuertes los argumentos más débiles. Gorgias, también de la misma escuela, afirmaba  que con las palabras se puede envenenar y embelesar. Se trata de embaucar o derrotar al otro mediante razonamientos engañosos. El arte de la persuasión no estaba, para estos pseudopensadores, al servicio de la verdad, sino de los intereses del que habla.

Para defender su fraude electoral (Rajoy está gobernando con un programa no legitimado por el voto) el Presidente lleva empleando, desde que ocupó el poder, la falacia del falso dilema. 

Como Protágoras de Abdera en el siglo V antes de Cristo. Como Franco desde que se sublevó en armas contra la IIª República.

Lo dijo bien claro, hace pocos días, ante un periodista del semanario The Economist y lo ha reiterado en el reciente debate del Estado de la Nación:

O cumplía con el programa electoral o cumplía con mi deber.

El subtexto del falso dilema de Rajoy es el siguiente:

Si por respetar el pacto electoral, hubiese aplicado las medidas que prometí a casi once millones de ciudadanos, ahora España estaría en la bancarrota. Una vez llegado a la Moncloa, me fue revelada una meta más elevada que había que defender, que es la reducción del déficit a cualquier precio, y mi deber, como capitán del barco, es ignorar la hoja de ruta inicial, para amoldarme a las nuevas circunstancias, salvando así del desastre a la tripulación y al pasaje.

Rajoy se cree el capitán del Titanic. La soberanía nacional no reside, para él, en el pueblo español, sino en su persona, de la que emana una autoridad omnímoda e incuestionable, al menos durante los cuatro años que dura la legislatura.

Dicho de otra forma, para Rajoy ejercer la soberanía nacional es que los españoles elijan cada cuatro años a un dictador: un gobernante con bula para tomar las decisiones que le dé la gana, sin tener que dar explicaciones, ni a la oposición, ni a los medios de comunicación. La única diferencia con un déspota griego es que Rajoy espera que los españoles le renueven la confianza dentro de tres años.

Imaginemos a Rajoy con guerrera de capitán (botones dorados de anclas cruzadas) y pantalón azul marino. Pensemos en él como el Capitán del Barco Spanien (el nombre se lo ha puesto su armadora, Angela Merkel). Los primeros días de travesía transcurren plácidamente cuando de pronto, llega un mensaje en morse avisándole de que puede haber icebergs en el camino y que debe extremar las precauciones. Como Rajoy conoce la historia del Titanic, sabe que si sigue a toda máquina por aguas del Atlántico Norte, acabará chocando con un témpano. Pero el capitán Rajoy necesita ir deprisa, porque su armador, Merkel, le ha prometido una formidable recompensa si cubre el trayecto en un tiempo record.

Entonces, el gallego de eses sibilantes tiene una intuición genial. Es una de esas decisiones que nadie te puede enseñar a tomar en la Escuela Naval, porque nacen de un talento innato y de un profundo conocimiento de las cartas de navegación y las corrientes marítimas. El Capitán Rajoy decide, sin dar explicaciones a nadie, cambiar de ruta y alcanzar la costa americana a través de las aguas más cálidas del Mar de los Sargazos, donde sabe que no encontrará hielo. Eso le permitirá conservar su velocidad de vértigo y obtener la recompensa de Frau Merkel. Con el resultado de que salva al barco de la colisión, pero acaba atrapado en un marasmo de algas infranqueables y pestilentes (los sargazos se mantienen a flote por medio de vejigas llenas de gas) que bloquean como una maraña infernal las hélices del Spanien y condenan al barco a la inmovilidad más absoluta.

Trasladado a la situación política, vemos que el problema de Rajoy, como en su día el del Capitán del Titanic, es la velocidad excesiva, que obedece no a los intereses generales sino a la codicia partidista. Rajoy tiene prisa por implementar sus nuevas medidas, por eso gobierna a golpe de decreto ley. En vez de “perder tiempo” pactando con la oposición, con los sindicatos, o con los colectivos de médicos, juristas y enseñantes, que son la savia de la sociedad española, utiliza el método de Alejandro Magno para desatar el nudo gordiano, que es emplear la fuerza de la espada. En lugar de consultar mediante referéndum con los españoles las grandes decisiones políticas y económicas que contravienen el pacto electoral, Rajoy decide que su legitimidad de origen (no empleó la coacción para obtener el poder) le otorga también la de ejercicio, esto es: se siente legitimado para adoptar cualquier medida que se le ocurra, sin consultar con la ciudadanía, tal como aconseja la propia Constitución Española en su Artículo 92

1. Las decisiones políticas de especial trascendencia podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos.

Rajoy tiene prisa, como el Capitán del Titanic, y no está dispuesto a perder ni un solo día para preguntar a los españoles si están de acuerdo con el cambio de rumbo.

Si Rajoy no ha mantenido la hoja de ruta que le llevó a conquistar la ambicionada mayoría absoluta, sólo puede deberse a dos razones.

1) Hizo un mal diagnóstico electoral y creyó de buena fe que podía sacar a España de la crisis con las medidas que prometió.

en cuyo caso cabe preguntarse:

¿si diagnosticó mal antes de obtener el poder (dispuso de ocho años de oposición para evaluar la situación), por qué los españoles han de creer que está ahora en lo cierto, y que un diagnóstico apresurado y oportunista, llevado a cabo en las primeras semanas de poder, es el adecuado?

¿Si se equivocó antes, por qué hemos de creerle ahora?

2) Prometió a sabiendas medidas que sabía que eran de imposible cumplimiento, para engatusar a un electorado incauto y poco responsable con el voto.

es decir, cometió prevaricación electoral.

Cada vez que Rajoy justifica el fraude electoral con el argumento de que está cumpliendo con su deber, me acuerdo de las falaces explicaciones del General Franco a la BBC y también del hecho que el diccionario de la RAE contiene al menos dos acepciones, casi antéticas, para la pabra deber:

1. tr. Estar obligado a algo por la ley divina, natural o positiva. U. t. c. prnl. Deberse a la patria.

2. tr. Tener obligación de corresponder a alguien en lo moral.

Para Rajoy, el deber no es la obligación que contrajo con sus propios votantes, sino la ley de divina, ya lo dijo él mismo en precampaña electoral:

Haré una política económica como DIOS manda.

Rajoy

Anuncios

DIGRESIONES MARIANAS

Decía hace poco el escritor Arturo Pérez Reverte que los políticos españoles deberían superar una oposición antes de ganarse el derecho a ser incluidos en ninguna lista electoral. Como cualquier funcionario público.

No le falta razón al vehemente articulista. Además de exhibir una cultura que haría que los concursantes de Gran Hermano parecieran enciclopedistas franceses, ignoran principios y valores morales imprescindibles a la hora de ejercer con dignidad la función pública (en España casi todos los cargos electos creen que dimitir no es un saludable gesto democrático, sino un mafioso ruso o un patriarca griego). Por si fuera poco, demuestran un vergonzoso desconocimiento de la lengua de Shakespeare y se ensañan con la suya propia, como si las incorrecciones sintácticas y gramaticales en que incurren a diario en sus tediosas declaraciones a los medios fueran refinados tropos literarios en vez de patéticos ejemplos de sus lagunas educativas.

Y hablando de ornamentos lingüísticos ¿se han fijado en que, de todos los recursos estilísticos y retóricos que emplean ministros, diputados y concejales, el único del que abusan hasta el infinito y más allá, (si dejamos a un lado el eufemismo, que dominan con maestría torera) es la anáfora?
Para los de ciencias y los de la Logse, recordaré que la anáfora es una repetición con valor poético: una figura retórica que consiste en insistir en una o varias palabras al principio del verso o enunciado. Su variante -también muy empleada por nuestra mediocre casta política- es la epífora, que no es más que una anáfora al final del enunciado.

Una de mis preferidas es invención del Demóstenes de Faes, el político que prefiere hacer seiscientos abdominales al día antes que ponerse a estudiar los tratados de oratoria de Cicerón y Quintiliano.

Corría el año 1998. Una ONG se había reunido con José María Aznar en el Palacio de la Moncloa, cuando un relámpago de inspiración atravesó la mente del genial estadista:

Me gustan mucho los niños, me gustaría haber tenido más y me gusta que la gente tenga niños.

Anáfora y epífora, todo en uno. Ese mismo año le cayó al marido de Ana Botella el primero de sus innumerables Doctorados Honoris Causa. Creo que la “agraciada” fue la Universidad de Florida.

Está claro que la vida parlamentaria podría volverse bastante más interesante (o cuando menos variada) si se animase a los políticos a conocer y emplar a diario todos los recursos de la elocuencia, no sólo los aznarinos.

Por ejemplo, la anástrofe.

La palabra suena ominosa, porque rima con catástrofe, pero no consiste más que en invertir el orden sintáctico habitual o normal de dos o más palabras sucesivas en una frase.

Rajoy, por ejemplo, que ha heredado de su padrino Aznar el talento para la exposición oral, podría repetir el mantra con el que nos machaca noche y día, introduciendo esta pequeña variante anastrófica.

En vez de…

No podemos gastar lo que no tenemos

¿por qué no…?

Lo que no tenemos no lo podemos gastar.

La frase resulta igual de tautológica y vacía, pero al invertir el orden de las palabras, la deslumbrante reflexión del gallego adquiere un matiz muy bello, a la par que sobrecogedor.

No llega, eso sí, a los hipérbaton del Maestro Yoda en La guerra de las galaxias, que habría dicho

Gastar no podemos lo que tenemos no.

La paralipsis (de nuevo una palabra chunga, que hace pensar en una prueba olímpica para minusválidos) o preterición (del latín praetereo, dejar atrás) es otra figura retórica, que consiste en afirmar que se omite o pasa por alto algo, cuando de hecho se aprovecha la ocasión para llamar la atención sobre ello.

Rajoy: No voy a repetir ahora lo que siempre digo, que no podemos gastar lo que no tenemos.

¿A que Mariano ya les ha hecho sonreír? Muchos habrán pensado-: ¡Qué cabrón, ya nos la ha vuelto a meter!

¿Y qué tal un poco de quiasmo para aderezar el soporífero discurso marianista? Quiasmo no es el último fichaje portugués del Real Madrid, sino una de las más importantes figuras literarias de repetición. Consiste (wikipedia dixit) en

Repetir palabras o expresiones iguales de forma cruzada y manteniendo una simetría, a fin de que la disparidad de sentidos resulte a su vez significativa.

Por ejemplo: Ni son todos los que están, ni están todos los que son.

Rajoy podría quiasmizar su mantra con

Ni podemos gastar lo que no tenemos, ni podemos tener lo que hemos gastado.

Como ven, con dos o tres toquecitos de oratoria el Presidente del Gobierno empieza a parecer el Winston Churchill español. ¿O debería decir el Winston Chuches?

La epífrasis es una figura literaria, clasificada en retórica dentro de las figuras de acumulación. Es una suma de ideas complementarias a la principal, de forma que si éstas se eliminan queda aquella con un sentido completo.

De nuevo es wikipedia (¿habéis donado ya?) la que nos proporciona el ejemplo más notable

“Con dolorido cuidado, degrado, pena y dolor, parto yo, triste amador, d’amores, que d’amor” (Jorge Manrique)

Rajoy podría aportar un ángulo diferente a su revolucionario teorema económico si dijera:

No podemos gastar, consumir ni derrochar lo que no tenemos.

La ironía es la figura literaria mediante la cual se da a entender lo contrario de lo que se dice.

En periodismo político se utiliza con frecuencia, aunque ha sido el gran Miguel Ángel Aguilar, en las tertulias de Hora 25, el que la ha elevado a la categoría de arte.

Si Rajoy quisiera mostrarse un día irónico (no caerá esa breva), no tendría que inventar nada nuevo, sólo tunear un poco su mantra:

¡Gastemos sin reparos, si somos millonarios!

La onomatopeya es la imitación lingüística o representación de un sonido natural o de otro fenómeno acústico no discursivo.

Rajoy: No podemos de repente ¡clin, clin, clin! empezar a gastar lo que no tenemos

Y llegamos por fin a mi figura retórica preferida (mi sección en RNE, hoy defenestrada por las hordas cospedalinas, se llamaba “Haciendo Amigos”), que es el insulto.

En vez del clásico hijo de las cuatro letras, con el que Doña Esperanza Aguirre regaló en su día los oídos de un esbirro de Gallardón, la enciclopedia de internet nos cuenta que

Existe un mecanismo de creación de insultos muy productivo en español y que permite innovar en el antiguo arte del escarnio. El mecanismo es el siguiente: consiste en coger la 3ª persona del singular en presente de indicativo de un verbo y pegarle un sustantivo en plural. La ventaja de este mecanismo es que permite ir más allá de las cuatro palabras malsonantes de siempre e innovar y crear nuevos insultos ad hoc, como bajateclas (para referirse a un pianista),abrepuertas (para referirse a un botones) o pateacueros (para referirse a un futbolista).

De modo que el presidente del gobierno, para introducir variaciones en su tema, como si fuera Beethoven con Diabelli, podría espetarles a los españoles:

No podemos ser unos despilfarraeuros porque nos hemos convertido en unos arruinabancos.

La atenuación, también denominada lítotes, consiste en afirmar algo, disminuyendo (atenuando) o negando lo contrario de lo que se quiere afirmar o decir:

Aquello no estuvo nada mal (estuvo muy bien)

Rajoy: No estamos muy en condiciones de gastar lo que no nos sobra.

A partir de aquí, abordaré recursos de gran poeta, de bardo universal.

La Apóstrofe consiste en hablar en un discurso o narración de manera breve en segunda persona, dirigiéndose a un grupo o personas presentes, fallecidas o ausentes, a abstracciones u objetos inanimados, o incluso a sí mismo. Es frecuente la utilización de esta figura en política ya que crea la impresión entre el público de que el orador se está dirigiendo directamente a sí mismo, lo que aumenta la receptividad.

Olas gigantes que os rompéis bramando

En las playas desiertas y remotas

Envuelto entre sábanas de espuma,

¡Llevadme con vosotras!

Gustavo Adolfo Bécquer, Rima LII

Rajoy: Me lo digo constantemente, Mariano, no puedes gastar lo que no tienes.

Termino ya, en plan conciliador, con una figura literaria muy usada entre los monologuistas de humor, ahora tan de moda: la conciliatio.

Es un recurso manipulador del lenguaje, pues retoma un término usado previamente en el discurso, hipotéticamente por el interlocutor, y lo reutiliza, pero con un significado completamente diferente al que en su anterior aparición tenía.

Ejemplo: No puedo negar a vuesa merced lo de ser mudable, pues no he tenido cosa en mi casa que vuesa merced no me la haya mudado en la suya con la facilidad que sabe. (Francisco de Quevedo); en su primera aparición en el ejemplo, mudar tiene un sentido intelectual, mientras que en la segunda lo tiene físico.

Rajoy: No podemos gastar tanto porque no sabéis cómo las gastan en Europa.

No me resisto a colocarle un estrambote a esta digresión mariana sobre el lenguaje político, sugiriendo muy encarecidamente a nuestro ilustre prócer que emplee de vez en cuando la diástole (lo contrario de la sístole). Es una figura muy apropiada para estos tiempos de infarto que vivimos.

La diástole (o éctasis) es una figura literaria de dicción que en latín permitía que una sílaba breve se pronunciara como larga. En lenguas donde no existe la cantidad vocálica, como el castellano, la figura se aplica a la acentuación: se adelanta la posición del acento de una sílaba a la siguiente (en ocasiones, con el objeto de facilitar ciertas rimas).

Ejemplo (Luis de Góngora):

El conde mi Señor se va a Napoles
Y el Duque mi Señor se va a Francía
Majestades, merced, porque este día
Pesadumbre daré a unos caracoles.

Si Rajoy quisiera ponerse gongorino y no cansino, como hace siempre, podría sorprender al Parlamento con estos inmortales versos, que pasarían a convertirse en carne de zapping televisivo en cuanto hubieran salido de su boca.

Gastar lo que no hay no podemós

porque eso nos conduce a la ruiná

aquí no despilfarra ya ni dios

el chollo se os ha acabado ya.

Puedes leer los comentarios que suscitó en su día este post en el Huff a través de este link http://tinyurl.com/b6kpcyg

Image

Navegador de artículos